CIUDAD DE MÉXICO.

Cruz Azul se ha visto obligado a recordar su título de hace unos meses como un milagro difícil de repetir.

La administración del presidente del Consejo, Víctor Velázquez, ha enrarecido el ambiente en un equipo que hace cinco meses se paseaba por las nubes.

Hoy, la desbandada es una realidad y el prestigio de los nuevos dirigentes bajó a cero. Iniciando por la salida de Orbelín Pineda, que no benefició económicamente al club y pasando por las negativas de continuar de elementos como Yoshimar Yotún, Walter Montoya y Jonathan Rodríguez. En total, hasta 11 jugadores están en vísperas de abandonar al campeón.

Algo está pasando”, cuenta desde Estados Unidos el icónico Carlos Hermosillo, “antes todos querían estar en Cruz Azul y hoy todo mundo se quiere ir, es extraño”.

Héctor Adomaitis, otro adalid cementero de aquella gesta del título de 1997 también lo tiene claro, “de Cruz Azul te vas cuando llega una mejor oferta o cuando te corren, nunca te vas por voluntad”, afirma desde Santiago de Chile, donde vive.

Ambos, compañeros de generación, apuntan hacia una misma dirección, la directiva no ha hecho el trabajo necesario para retener a los jugadores importantes.

Esto que está pasando lo tuvieron que hacer recién que ganaron el título. Se llama generación de expectativa, es decir, el equipo alcanzó el título con intensidad y era obvio que iban a bajar los decibeles”, comenta Adomaitis.

El argentino asegura que lo ideal era ventilar posiciones y traer desde que acabó el torneo del campeonato, jugadores que generaran nuevos retos y competencia porque los que se quedaban, sentían que ya lo habían conseguido todo.

Esto tuvo que haber iniciado como una programación meses atrás y la directiva, por ejemplo con el caso de Orbelín Pineda, no cuidó la inversión. En general los jugadores se sacaron una mochila de tensión cuando consiguieron el campeonato y se relajaron, no pusieron la misma disciplina que en el torneo anterior”, comenta Adomaitis.

Pero en Cruz Azul se complicaron la vida y empezó una combustión en cuanto a negociaciones en las que la directiva fue incapaz de retener a elementos referenciales y así lo entiende Carlos Hermosillo.

Su deber como dirigentes es mantener a los buenos jugadores, lo que pasa es que hoy hay un problema garrafal dentro de la institución que antes sobraba, dinero, hoy falta, además claro está que los cooperativistas se dejen de pelear”.

Entonces, tras el campeonato, la anarquía comenzó a reinar en Cruz azul y todo explotó en las negociaciones en las que todo fue un diálogo sin éxito.

DINERO MANDA

Jugadores como Jonathan Cabecita Rodríguez presionaron a la directiva para ganar más dinero a cambio de renovar, lo mismo hizo Luis Romo y en Cruz Azul prefieren renovarse desde la juventud.

No hay fuerzas básicas, que me digan dónde estan”, cuenta Hermosillo. Adomaitis secunda, “el que no quiera estar por inconformidad que se vaya de una vez y eso lo sabe Juan Reynoso, pero lo único que remite esto es que se entiende que existe una incomodidad dentro del club en términos generales que hace que los jugadores, en su pleno derecho de exigir más dinero, porque fueron campeones, al no recibirlo, decidan irse”.

Sin embargo, Carlos Hermosillo  pone la pólvora junto al fuego, porque siente que la directiva no sabe lo que esta haciendo.

Ellos se encontraron con un trabajo encaminado y salieron campeones hasta por suerte. Con estos directivos inexpertos que se creen que lo saben todo suceden este tipo de cosas. Ellos no tienen ningún mérito, recogieron lo que ya estaba estructurado y sacaron el título los jugadores y Juan Reynoso, no los directivos”.

En cambio, con Álvaro Dávila, viejo lobo de mar en la dirigencia deportiva, Hermosillo es más flexible, “no puedo criticar porque no sé si lo han dejado trabajar o está atado de manos, por lo que alcanzo a ver de fuera y me informan, parece que Dávila no puede hacer nada”.

Al mismo tiempo, lanza una advertencia, “ojalá puedan sacar las cosas adelante, pero no veo nada bien el futuro del equipo”.

Mientras, la directiva cementera encalla su navío en rejuvenecer al equipo y da el carpetazo a los que dejaron la novena estrella. Abrieron puertas a jóvenes como Uriel Antuna y Alejandro Mayorga, ambos de 24 años y ya contactaron a Pumas para comprar a Erick Lira que tiene 21 años. Además de la contratación de Christian Tabó, van por Cristian Pavón de Boca Juniors dando en intercambio a Pol Fernández. Para la directiva está claro, los que estaban son caso cerrado. Los demás sólo reconocen una desmantelada.

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