CIUDAD DE MÉXICO.

La Secretaría de Cultura de la Ciudad de México detectó vicios y prácticas burocráticas al interior de los Puntos de innovación, libertad, arte, educación y saberes (Pilares), proyecto cultural emblema de la capital, que en los últimos meses provocó protestas de talleristas que acusaron irregularidades.

Xavier Aguirre Palacios, nuevo titular de Vinculación Cultural Comunitaria de la SC, explica a Excélsior que en un primer diagnóstico del programa detectó un trabajo disparejo entre los mil 293 talleristas, así como un 40% de beneficiarios (monitores) sin actividad frente a público; y la exigencia de disponibilidad de tiempo completo de los beneficiarios, entre otras fallas administrativas.

De entrada, Aguirre destaca los puntos a favor del programa. Por ejemplo, la riqueza de su contenido temático, que va de los derechos humanos a la prevención de la violencia, la reconstrucción del tejido social y la discusión de roles de género.

Pero también habla de lo que se puede mejorar. Por ejemplo, la distribución de la carga de actividades para que sea más compatible (con los talleristas), es decir, que puedan tener al mismo tiempo otro tipo de actividades o empleos con un ingreso fijo, “porque esto no puede ser una relación laboral”.

Esto implica que, a partir de 2022, se abre la posibilidad para que los talleristas no estén condicionados a los tiempos de Pilares.

Y agrega: “Si bien estamos pidiendo una cantidad horaria importante, sí tiene que ser compatible con que las personas tengan ingresos por su cuenta, ya que los programas sociales están pensados para ser un esquema temporal, en momentos específicos, pero no de larga duración, lo que no significa que éstos vayan a desaparecer”.

Aguirre también se refiere al aumento de horas y a la reducción drástica de monitores. “Hubo cambios importantes en las reglas de operación para 2022. Hace rato preguntabas por la asignación de las actividades que no tienen que ver con la vida cultural o lo que podría pasar en caso de una contingencia.

“Identificamos que había una división entre las horas del tallerista frente a público y sus actividades (comunitarias) en quioscos covid-19 o en eventos de la agenda central
de la SC.

¿Qué se detectó? “Que a pesar de que sólo 10 horas (a la semana) eran las establecidas para las actividades del taller, la mayoría de (talleristas) reportaba entre 24 y 48 horas por semana”.

Frente a ese panorama, las autoridades optaron por establecer 30 horas fijas por semana, de las cuales 18 serán para realizar las actividades frente a público, ocho de trabajo comunitario y cuatro más de capacitación.

Dicho trabajo comunitario implicará actividades de apoyo logístico en quioscos de vacunación, en tequios y otras actividades más de la SC.

¿Por qué suprimieron elementos del programa?
“Desaparecieron (los mediadores) porque al hacer la evaluación identificamos que, si bien se hizo una apuesta importante por el monitoreo en ejercicios anteriores, eso se convirtió en un ejercicio de burocracia cultural.

“Es decir, al interior de los programas había 40% de personas (cerca de 67 mediadores) que no tenían actividad frente a público, y son esa figura del monitor y mediador que no redundan en ningún beneficio concreto para la función pública ni para las comunidades.

“En ese sentido, decidimos desaparecer la figura (del mediador) de las reglas de operación y fortalecer a quienes sí están en contacto con las comunidades”, con lo cual se incrementará el número de talleristas, de mil 293 a mil 428, con un horario flexible.

Además, destaca que, en el caso de los talleristas tipo A, se incrementó el monto del apoyo, de seis mil 400 a siete mil 500 pesos; y el de talleristas tipo B, de siete mil a ocho mil.

¿Se pedía tiempo completo a los talleristas? “Es un vicio que hemos encontrado de ejercicios anteriores, porque no había planeación. De pronto, a las talleristas o a los promotores se les mandaba un mensaje para que se presentaran al día siguiente en un centro de vacunación y eso no puede ser así.

“Hemos identificado que la falla no está en la gestión central, sino al interior de la dirección, y desde acá la vamos a corregir”, asegura.

“No habrá una relación laboral”

Uno de los temas recurrentes en las recientes protestas de talleristas y docentes de Pilares es que se formalice una relación laboral con el gobierno de la CDMX.

Al respecto, Aguirre afirma que no será posible. “Sí, (la inestabilidad laboral) es una problemática vigente del sector cultural y es necesario desarrollar acciones para que quienes participan en los gremios culturales tengan esquemas de trabajo firmes y que la retribución se haga en el marco de las relaciones laborales, pero no es el caso con que se planteó
este programa”, advierte.

Además, señala un cambio de enfoque en el terreno de los beneficiarios, “pues, aunque primero se focalizó en talleristas y promotores, los verdaderos favorecidos deben ser los usuarios y las audiencias”.

¿Se atenderá el tema de la salud de los talleristas?, se le cuestionó. “Estamos en el proceso de diseño y bosquejo, pero sí, estaremos buscando una vinculación cercana con las distintas dependencias relacionadas con la atención de la salud en la CDMX y a nivel federal. Estamos buscando alternativas”.





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