SAN JUAN DE TERRANOVA.

Los recuerdos de lo ocurrido en el King George Park hace poco más de 35 años “estarán conmigo hasta mi último día de vida”, dice con una sonrisa Jeff Babstock, al tiempo que quita el cerrojo de la entrada principal de este modesto recinto futbolero de San Juan de Terranova, ciudad isleña en el extremo Este de Canadá.

Este inmueble, que el 14 de septiembre de 1985 albergó el partido que arrojó el máximo logro del futbol canadiense, se ubica en una zona residencial de esta urbe de apenas 100 mil habitantes; frente a la entrada principal está el lago Quidi Vidi, lo que hace proclive a esta cancha a las temperaturas gélidas, pues los vientos arremeten sin cesar sobre las aguas y convierten el estadio en un sitio no grato para el visitante.

Todo lo que buscábamos para ese partido se logró”, evoca Babstock al remover con su bota algo de la nieve que se ha acumulado a las orillas de la cancha.

Luego voltea hacia la tribuna sur y señala justo el lugar en el que estuvo sentado, junto con algunos amigos, cerca del tiro de esquina.

Había unas 8 mil 500 personas aquel día”.

Varias cosas han cambiado en el King George: las tribunas solían ser de madera y ahora son tubulares; la cancha era de césped y desde 2006 es de superficie artificial.

El campeonato de la Concacaf de 1985 otorgaba un boleto al Mundial de México 1986 y al partido definitorio llegaban Canadá y Honduras; el primero requería sólo del empate, mas los centroamericanos debían doblar de visita a los de la hoja de maple.

Con el firme objetivo de clasificar por primera vez, los norteamericanos sacrificaron el glamour que hubiese significado jugar un partido tan importante en Vancouver, Toronto o Montreal.

Tony Waiters, quien era el técnico de aquella selección, pidió jugar en un estadio en el que la inmensa mayoría del público estuviese apoyando a Canadá, así que lo mejor para él era evitar esas grandes ciudades donde hubiese podido haber fans latinoamericanos… así que trajo el encuentro a nuestra isla”, recuerda Babstock, profesor retirado de educación física cuyo andar en el futbol colegial con la Memorial University de Terranova lo llevó a participar con Canadá en el preolímpico rumbo a Múnich 1972.

Jugué en el Estadio Azteca contra México”, rememorando el cotejo del 8 de junio de 1971.

Fue un buen partido, perdimos apenas 1-0”.

Las autoridades canadienses hicieron caso a los consejos de Waiters, un aventurado exportero inglés que migró a Canadá para hacerse cargo del soccer en tierras de hockey, y programaron el culminante partido ante Honduras, que contaba aún con varios jugadores con experiencia mundialista en España 1982, para la vieja urbe de St. John’s (San Juan de Terranova), fundada en 1583.

Desde varios días antes del encuentro, ya las cosas comenzaban a salirle a pedir de boca a los anfitriones.

Más de la mitad de los aficionados que venían con Honduras no llegaron siquiera a St. John’s, porque programaron vuelos erróneamente para St. John, que es una ciudad en una provincia más al Sur, New Brunswick… la diferencia la hace un pequeño apóstrofe, pero para nosotros eso fue algo grande”, ríe Babstock.

Desde su retiro de las canchas, este hombre no ha dejado de trabajar en el soccer de esta ciudad;  es miembro de la Asociación de Soccer de St. John’s, cuya categoría mayor es filial de los Vancouver Whitecaps, de la MLS.

 

Jeff Babstock jugó en el Estadio Azteca en junio de 1971. Desde 2006, la cancha del King George Park es de césped artificial. Fotos: Adrián Sierra

 

Inició el partido con una cancha rodeada de tribunas de madera y algunos fans sentados a escasos metros de las bandas. Hacía frío y viento, y el césped estaba algo seco. George Pakos adelantó a Canadá (15’); empató el hondureño Porfirio Betancourt (49’), lo que provocó ansiedad entre los enchamarrados aficionados canadienses. El tanto de Igor Vrablic (61’) encaminó a la hoja de maple hacia México.

El estadio simplemente estalló con ese gol, hizo erupción”, recuerda Babstock.

Y cuando el partido terminó fue la locura, la gente invadió el campo para abrazar a los jugadores… para mí, como parte de la organización, era ver el esfuerzo de 15 años cristalizado al fin”.

El torneo de naciones de la Concacaf mutó más tarde a Copa Oro, y Canadá ganó la edición de 2000, cuando dobló 2-0 en la final a Colombia, pero tal éxito es una nimiedad para Babstock si se le compara con lo logrado ante los hondureños en 1985.

Es simple: la Copa Oro no te da el boleto al Mundial”, señala.

Canadá acudió a México 86 y perdió todos sus partidos: Francia (1-0), Hungría (2-0) y Unión Soviética (2-0), pero aquella generación sigue siendo la única que puede presumir de haber llegado a una fase final mundialista.

La actual, sin embargo, sueña con emular esto en el clasificatorio corriente: ausente su estrella Alphonso Davies por una inflmación en el corazón, marchan primeros en el octagonal con 19 puntos, uno más que Estados Unidos y dos más que México (que no los pudo derrotar en la serie), con tres pases directos a Qatar 2022 en la mesa.

En la fecha FIFA de finales de mes, los de la hoja de maple tienen visitas a Honduras y El Salvador, y reciben mañana a Estados Unidos en Hamilton, Ontario.

No importa lo hecho hasta ahora, en el futbol el único partido que vale es el que está por jugarse”, espeta Babstock al encender su camioneta y echar una última mirada al King George Park, escenario de la más grande gloria canadiense pateando un balón.

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